Hace un tiempo (hablo de años) la práctica totalidad de las personas que nos disponíamos a diseñar una web con un aspecto más espectacular que un simple texto plano, y aun estos últimos, recurríamos a un método de lo más intuitivo consistente en crear una cuadrícula a través de la etiqueta table de HTML, en la mayoría de los casos ocultando dicha malla con un astuto borde de grosor cero. Con este sencillo método todo cuadraba y, con mayor o menor esfuerzo se lograba un objetivo y, salvo pequeñas discrepancias, todo se veía más o menos igual en la mayor parte de los navegadores: Netscape, Opera, el incipiente Mozilla, Konqueror... Y por supuesto el archipoderoso y ultraextendido (por qué se me habrán venido a la cabeza estas palabras...) Internet Explorer, si es que se le puede catalogar a este programa dentro de los navegadores sin que suponga una ofensa para el resto.
Hace menos tiempo que el tiempo al que me refería antes nos recordaron que existía el CSS, y que era más potente de lo que muchos lo considerábamos, que servía para más cosas que para colorear la web, vamos. Y así surgió eso que se dio a llamar XHTML, y una nueva forma de pensar el diseño de las webs: por un lado el documento HTML con la información y por otro una hoja de estilos CSS con la definición del aspecto.
¡Huyamos de las tablas!, nos dijeron. Porque el CSS es más compatible con otros dispositivos (así podemos navegar por internet con el móvil o el frigorífico), porque genera código más ligero y limpio, porque el diseño se define en un fichero independiente, y es más fácil de cambiar (gracias, amigos de CSSZenGarden)...
Y sí, estas razones son ciertas, todo es muy bonito... Pero también paradójico porque, entre otras cosas, usamos XHTML para que nuestras páginas sean más accesibles y compatibles (y verlas con la consola) pero el navegador más extendido no cumple los estándares y, por tanto, no hay plena compatibilidad con éste. Así que nos esforzamos en cumplir el estándar, pero a éste le manda a freir espárragos trilleros el Internet Explorer (al menos en su última versión estable y las que la precedieron).
Y esto es más grave, porque pasar de diseñar con tablas a usar CSS no es fácil, como muchos sabréis ya, y desde luego eso del XHTML no es nada gráfico ni intuitivo (ni natural), y hace falta pasarse muchas horas haciendo experimentos para realizar el diseño que se tiene en mente. Es más, muchos incluso dejan este diseño como más se parecía al que habían pensado inicialmente sólo por no pelearse más con el XHTML (o, peor, vuelven a las tablas).
Pero esto es en Firefox, un navegador que cumple los estándares, entre otros. Y bien, una vez terminado el diseño, nos hemos al menos aproximado a lo que queríamos, todo cuadra y pasamos a verlo en Internet Explorer... ¡Sorpresa, a empezar desde cero porque nada está en su sitio!
Aquí es donde entran en juego los foros de consulta, y así los dedicados a CSS tienen cientos de topics, sino miles, escritos por personas que ya han terminado la botella de whisky y están tirándose de los pelos, su moral por los suelos. ¡Ah! Y las webs con guías que incluyen el famoso truco del almendruco para "engañar" a Internet Explorer o a Firefox y hacer que una hoja de estilo CSS sirva para los dos.
¿Alguien aún no ha visto el famoso quesito del tiempo dedicado al diseño web? Muy majo, sí, pero dice verdades como puños. Todo este rollo, supuestamente, proporciona a los diseñadores más libertad, pero lo único que consigue es limitarla, a no ser que se haya pasado por cientos de horas de quebraderos de cabeza y lectura de trucos y guías.
La conclusión es simple: el estándar no sirve para nada, o al menos sirve para menos que el tradicional HTML, porque la misión de un estándar es definir una serie de normas universales, para tener la seguridad de que, en este caso, una página web sea vista correctamente en todos los dispositivos, pero he aquí que queriendo ampliar el número de aparatos que puedan acceder a nuestra web, de momento minoritarios en oposición al ordenador, el nudo se suelta por otro sitio y resulta que el navegador más extendido y que trae de forma predeterminada la inmensa mayoría de los ordenadores de usuarios medios no interpreta correctamente dicho estándar, y el diseñador tiene que recurrir a ridículos trucos.
Así va el mundo...
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