Volvamos la vista atrás un momento (que es bueno a veces). Los 80 daban sus últimos coletazos cuando Apple estaba sumida en un profundo caos: Macintosh no terminaba de despegar, las tensiones internas aumentaban y así Steve Jobs, uno de los dos cofundadores de la compañía (junto con Steve Wozkiak, formando el archifamoso dúo los dos Steves), se puso de patitas en la calle, o al menos eso parecía. Se centró en otros proyectos, como la fracasada NeXT y finalmente compró Pixar, una empresa de animación por ordenador recientemente separada de su matriz Lucasfilm (la de George Lucas, el tío que hizo una buena película y se forró a base de vender muñequitos), y que produjo para la Disney taquillazos como Toy Story, a la que le seguirían otras como Bichos, Monstruos S.A., Toy Story 2, Buscando a Nemo, Los increíbles o Cars. Finalmente esta empresa compraría Pixar, pero esta es otra historia.
El caso es que Steve Jobs volvía a estar en lo alto y en Apple las estaban pasando canutas, llegando incluso a acuerdos con Microsoft (choque de trenes) para que ésta inyectase dinero en Apple a cambio de intercambio de tecnologías y de finalizar la polémica de las interfaces gráficas (sí hombre, eso de que la de Windows es similar a la del Mac).
Finalmente, Jobs volvió a la compañía en 1997 (sí, ¿no?) y de su mente de visionario nació el iMac, lo que hizo reflotar a la compañía. Se trataba de un ordenador excelente, arriesgado para la época hasta el punto de no llevar disquetera (uhhh...) y con una cosa por encima de todo: era de lo más mono. La CPU estaba integrada en el monitor, todo ello con una carcasa que de colores brillantes, un diseño genial, vamos. No es que se vendiera como churros, pero encontró un importante hueco en el mundo de la industria musical, audiovisual, médica, periodística... La cosa tuvo el éxito suficiente para que saliese incluso una versión portátil pero claro, ni el hardware ni el software era compatible con los PCs (vamos, con Windows) y entonces si uno quería instalar el Tomb Raider se fastidiaba. Haber comprado un PC, como Dios manda...
Pero quedaba por salir otro aparatito de lo más cool, nuestro queridísimo iPod, y sus distintos sabores, colores, tamaños y demás, todo ello asociado el revolucionario sistema de venta de música legal por internet iTunes. Negocio doble, dobles beneficios. El iPod es un reproductor de música excelente, todo hay que decirlo, de manejo sorprendentemente fácil, y con unas posibilidades en sus últimas versiones que hacen que se nos caiga la baba a más de uno (todo ello si tenemos entre 200 y 300 euros en el bolsillo). Así es que el iPod se vendió como churros (ahora sí) y ahora todo el mundo tiene uno, y empezaron a salir como los cuervos en primavera reproductores MP3, y vino la moda esta de llevar siempre algo metido en las orejas.
Me bajo el último capítulo de Colombo de internet por la mañana y lo veo con el iPod en el metro mientras voy al trabajo o nuevo Seat 600 con iPod de serie, con capacidad para almacenar 80000 canciones para 80000 estados de ánimo son ejemplos de expresiones y otras cosas parecidas que empiezan a sonar por doquier como los ciervos en la berrea. Todo el mundo parece tener un iPod (o equivalente genérico), todo el mundo sabe de iPods, y según sale un nuevo modelo muchos corren a comprárselo, porque claro, el antiguo sonaba peor para oir a Bisbal dando berridos (o a los ciervos cantando).
Es una auténtica locura iPod más bien, no tanto una locura Apple, ya que dudo que muchos usuarios (lo tengo comprobado) sepan incluso que el iPod es de Apple. Se venden por millones, como rosquillas, mejor que rosquillas. Y ahora Apple ya no está en crisis, porque ha logrado crear una moda, la moda del iPod. Y como está de moda, todo el mundo lo compra, todo el mundo lo tiene, y no digo que sea algo malo (al menos no para Apple y para los otorrinolaringólogos) sino más bien que es algo curioso, que un producto caro (no en relación a la calidad) y, digamos, de alto nivel, que mantiene su precio con los años a base de sacar nuevos modelos, esté tan extendido.
Y también es curiosa otra cosa: si un iPod normalillo deja almacenar unas 7500 canciones y todas se compran legalmente en iTunes (por ejemplo) a dolar por canción, que es más barato que comprarse un disco, eso quiere decir que llenar un iPod sale a unos 6000 euros. Si renovamos las canciones cada año... ¿Alguien se gasta 6000 euros al año en música?
Más curiosidades (estoy que las regalo): Apple toma como referencia canciones de duración media de 4 minutos (a 128 kbps) para decir eso de en un iPod caben 7500 canciones. Eso son 30000 minutos de música, es decir, 500 horas, es decir, que te puedes pasar escuchando música continuamente durante casi 21 días y no repetir ninguna canción.
¿Quién necesita tanto? ¿Quién tiene tanta música? ¿Quién está tan loco? Pues yo el primero (no es por presumir...), pero es que es la locura iPod.
Expresa tu opinión sobre este recurso y compártela con los demás.